Tus amigas ya te han preguntado un par de veces. Ves que pasan los días y aún no lo tienes nada claro. El tema te está empezando a agobiar. Eres una novia al borde de un ataque de nervios… Piensas, “¿a quién dar las invitaciones para mi despedida?”

¡Vaya dilema! No lo tienes nada fácil y encima no sabes qué tipo de fiesta quieren prepararte tus amigas. Pepita no conoce a Fulanita y no sabes si va a encajar, Juana se lleva regular con Mengana, ¡madre mía, qué complicadas somos las chicas!

 

Cuando pensamos en los invitados de la despedida o en los de la boda, muchas veces se nos hace un nudo en el estómago, nos entran los nervios, porque no sabemos a quién invitar. ¡Afortunados aquellos que lo tienen más que claro!

Nuestro consejo es que invites únicamente a las personas con las que quieras compartir esos momentos. Ni más ni menos. Olvídate de compromisos y de gaitas. Ahora, igual lo que ocurre es te gustaría celebrar la despedida con unas personas de una forma y con otras de otra.

Mucha gente está en tu mismo caso y a lo que recurre, es a hacer dos despedidas:

  • Una con las amigas exclusivamente. En la que puedes escaparte unos días o celebrar la fiesta por todo lo alto en tu ciudad.
  • Y, posteriormente, ya más cerca de la fecha de la boda, otra con el resto de “invitadas dudosas”. Esta última puede ser más light: una comida en el campo, una cena… El caso es tener un detalle con ellas.

Entre las invitadas dudosas tenemos a tu familia: tu madre, tu tía, tus primas… No es que no quieras celebrar con ellas este día, sólo que no sería lo mismo desmelenarte con ellas que con tus amigas a solas, o irte a la playa con toda la familia a cuestas.

Otro grupo de dudosas viene de parte del novio. Seguro que ya te lo estás imaginando, ¿qué haces con tu suegra en una discoteca? Aunque para gustos los colores, igual la señora te sorprende y es una de las que más marcha tiene.

En este grupo de invitadas debería haber una excepción: las cuñadas. Tu cercanía en edad con ellas hace inevitable que las invites a la despedida o, al menos, a una de las despedidas que organices si este es tu caso. No es cuestión de entrar con mal pie en la familia.

Por último nos encontramos con aquellas amigas, compañeras de trabajo, etc. con las que has ido perdiendo relación. Tal vez estas preguntas te ayuden a tener más claro qué hacer con ellas:

  • ¿Sigues manteniendo el contacto con ellas? ¿De qué tipo?
  • ¿Te haría ilusión que asistieran ese día?
  • ¿Crees que las pones en un compromiso?, ¿o que las gustaría asistir?
  • ¿Te han invitado a las suyas o crees que lo harán?

Siempre es bueno tener un poco de empatía, para entender cómo pueden reaccionar.

En todos estos casos nuestro consejo estrella no es otro que la sinceridad. Las personas no somos tan diferentes unas de otras y si explicas tus decisiones a tu gente, seguro que hagas lo que hagas te comprenderán.

Para finalizar, te soplamos un secreto a la hora de tomar decisiones: ¡la balanza! Es una técnica por la has de poner en un lado los pros de una decisión y en otro los contras. Sopésalos y decide para dónde se inclina la balanza con cada una de tus “dudosas”.

Tómate un tiempo para hacer esto con calma antes de que te dé un ataque de nervios, y recuerda que ese día, es tu día. Una vez tomada la decisión tal vez las quieras dar invitaciones para la despedida de soltera diseñadas por ti, pero este es otro tema en el que pensar…

A las ya casadas, ¿os costó mucho decidir a quién invitar? ¿Quiénes fueron vuestras elegidas?